25 Jul

Conviviendo con un ADN de 100.000 años

I. Introducción

El ADN humano, mapa genético desde donde se generan nuestras características físicas, nuestras funciones y parte de nuestro comportamiento, ha sufrido muy pocos cambios en los últimos 100.000 años.

La información que contiene nuestro ADN está diseñada para adaptar al organismo a las condiciones  de vida que existían en esa época, que difieren por mucho a las que existen actualmente. Enumeremos algunos cambios: el número de seres humanos pasó de unos pocos cientos de miles a 7.000.000.000 (siete mil millones), la fertilidad no sigue las reglas naturales ya que decidimos cuando queremos un embarazo y las expectativas de vida aumentaron de 30 a 80 años. Para nuestro ADN la mayoría de los que sobrepasamos los 40 años ya no deberíamos existir, por lo que no tiene información para manejar adecuadamente nuestro organismo después de esa edad.

Esto es especialmente llamativo en la mujer, hecho que se manifiesta en forma notoria alrededor de los 50 años, cuando el ovario agota sus óvulos y sobreviene la Menopausia, con todos sus síntomas y posterior deterioro orgánico, si no es tratada adecuadamente.

En la época de conformación de nuestro ADN las mujeres se embarazaban poco después de la pubertad y como no existían sustitutos a la leche materna (excepto nodrizas) amamantaban durante dos años, durante los cuales mantenían una actividad sexual espontánea y como no se conocían los métodos anticonceptivos se embarazaban nuevamente. Así la mujer estaba o embarazada o lactando y no existían los Ciclos Menstruales Regulares, a los que hoy estamos acostumbrados y consideramos “normales”.

Durante las semanas previas a una “menstruación” el organismo libera grandes cantidades de hormonas, multiplica cientos de miles de células para preparar las condiciones que permitan un embarazo y llevarlo a término. Al no producirse el embarazo el organismo de la mujer sufre una “frustración” orgánica y expulsa el tejido que había preparado para reiniciar un nuevo intento, y continúa repitiéndolo durante años.

En tribus aisladas en África se ha estudiado la frecuencia de sangrado genital en las mujeres, especialmente en comunidades que mantienen costumbres ancestrales. En ellas los períodos de sangrado inter-embarazo no superan los 30 durante la vida; la mujer moderna tiene en promedio más de 350 menstruaciones antes de la menopausia.

Los cambios hormonales repetitivos tienen efecto sobre todo el organismo, pero especialmente sobre los órganos asociados a la reproducción: el Ovario, el Útero y la Mama. A nivel de todo el organismo son responsables de los síntomas que se presentan en el llamado Síndrome Pre Menstrual (p. ej. Dolor de cabeza, cambio de personalidad, dolor abdominal, sangrado anormal entre otros.), muy frecuente en las mujeres de hoy. A nivel de órganos asociados a la reproducción observamos que mientras mayor es el número de menstruaciones, especialmente antes del primer embarazo, mayor es la incidencia de cáncer de la mama y de cáncer del ovario.

En próximos artículos analizaremos la influencia que tienen los “ciclos menstruales” en el desarrollo de enfermedades en la mama, el ovario y el útero, como también los efectos que producen en todo el organismo y en el comportamiento de la mujer.

Dr. Carlos Gómez Lira
Prof. As. Obstetricia y Ginecología

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