23 Ene

Conviviendo con un ADN de 100.000 años

INTRODUCCIÓN

El ADN humano, mapa genético desde donde se generan nuestras características físicas, nuestras funciones y parte de nuestro comportamiento, ha sufrido muy pocos cambios en los últimos 100.000 años.

El ADN no es estático, se modifica mediante mutaciones favorables que mejoran funciones o permiten una mejor adaptación a las condiciones del ambiente en que se desenvuelven. Estos cambios a veces sutiles se producen inicialmente en un individuo, si estos son favorables se transmiten a la descendencia, la que tendrá ventajas comparativas y mejores expectativas de supervivencia. El reemplazo de la población sin la información beneficiosa por la que si la posee puede demorar varias generaciones. Ello implica que el tiempo de reemplazo va a depender del ritmo de reposición de la especie. Así una especie de ratón que tiene 4 o más camadas al año y un ciclo de vida corto, va a incorporar el cambio en mucho menos tiempo que los elefantes que tiene una cría cada 3 años.

¿Es normal la Menstruación?

La tasa reproductiva del elefante no difiere significativamente de la humana. Hasta antes de la Revolución Agrícola, hace aproximadamente 20.000 años, lo humanos éramos nómades, no existían leches artificiales ni alimentos colados, por lo que la única fuente de alimentación para los niños menores era la lactancia materna, que debía mantenerse durante los dos primeros años. La lactancia exclusiva es un anticonceptivo natural, por lo que evitaba un nuevo embarazo hasta que el niño, no solo pudiera alimentarse de otra fuente, sino también pudiera desplazarse en forma autónoma para así permitir a la madre cuidar a un nuevo recién nacido.

Las mujeres se embarazaban terminando la pubertad. Si el embarazo llegaba a buen término, después del parto, como no existían sustitutos a la leche materna (excepto nodrizas) amamantaban durante al menos dos años, durante los cuales mantenían una actividad sexual espontánea y se embarazaban nuevamente cuando la lactancia era progresivamente reemplazada por alimentos. Así la mujer estaba o embarazada o lactando y no existían los Ciclos Menstruales Regulares, a los que hoy estamos acostumbrados y consideramos “normales”. Estos sangramientos periódicos, menstruaciones, existen solo porque nosotros decidimos evitar un embarazo. Este fenómeno de sangramiento cíclico solo estaba presente en mujeres infértiles.

Durante las semanas previas a una “menstruación” el organismo libera grandes cantidades de hormonas, multiplica cientos de miles de células para preparar las condiciones que permitan un embarazo y llevarlo a término. Al no producirse el embarazo el organismo de la mujer sufre una “frustración” orgánica y expulsa el tejido que había preparado para reiniciar un nuevo intento, y continúa repitiéndolo tratando de conseguir el embarazo.

En tribus aisladas en África se ha estudiado la frecuencia de sangrado genital en las mujeres, especialmente en comunidades que mantienen costumbres ancestrales. En ellas los períodos de sangrado inter-embarazo no superan los 30 durante la vida; la mujer moderna tiene en promedio más de 350 menstruaciones antes de la menopausia.

Los cambios hormonales repetitivos tienen efecto sobre todo el organismo, pero especialmente sobre los órganos asociados a la reproducción: el Ovario, el Útero y la Mama. A nivel de todo el organismo son responsables de los síntomas que se presentan en el llamado Síndrome Pre Menstrual (p. ej. Dolor de cabeza, cambio de personalidad, dolor abdominal, sangrado anormal entre otros.), muy frecuente en las mujeres de hoy. A nivel de órganos asociados a la reproducción observamos que mientras mayor es el número de menstruaciones, especialmente antes del primer embarazo, mayor es la incidencia de cáncer de la mama y de cáncer de ovario.

Dr. Carlos Gómez Lira
Prof. As. Obstetricia y Ginecología

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