El ser humano al igual que casi todas las especies que conforman el mundo de los mamíferos posee diferentes formas de atracción para que las parejas engendren y que esos hijos continúen haciendo perdurar la especie a que pertenecen; el ser humano no difiere de ellas, en lo que significa este enorme impulso a la procreación.

La gran diferencia de los humanos con las otras especies es que “conscientemente” ha logrado dominar el resultado de estos impulsos, creando métodos o prácticas que permiten evitar el embarazo.

Esta regulación de los embarazos es una decisión “consciente”, que no está considerada en nuestros patrones genéticos. El organismo de la mujer sigue siempre intentando lograr un embarazo, y al no conseguirlo elimina el tejido preparado, que se manifiesta como una menstruación. Cada “ciclo menstrual” conlleva enormes cambios hormonales y físicos, tanto en el útero como en los ovarios y las mamas.

Estas revoluciones hormonales que ocurren en estos intentos del organismo por conseguir un embarazo, producen alteraciones físicas en el útero que son acumulativas.

Es así como pueden aparecer los miomas y la adenomiosis.

Ambas patologías se manifiestan deteriorando la calidad de vida porque producen menstruaciones abundantes, sensación de peso en el abdomen bajo, dolor de cabeza, cambios en la personalidad y disminución del deseo sexual.

Las enfermedades del útero se pueden diagnosticar tempranamente mediante un examen ginecológico prolijo y una Ecotomografía Doppler Color.