31 Dic

De la atracción física a un proyecto en común

El verdadero reto para una pareja de pololos que piensa en el matrimonio es que no desea permanecer juntos por necesidad sino por elección.

‘El matrimonio es una lotería’, reza el dicho popular y para muchos que lo viven, no deja de tener asidero.

Hay recetas de todo tipo para mantener en buena forma una relación conyugal, incluso se han escrito best seller como ‘Las Mujeres son de Venus y los hombres de Marte’, explicando la forma en que la pareja puede llegar ‘a comunicarse correctamente’, pero lo cierto es que un buen matrimonio se fundamenta en un buen pololeo.

¿Y QUÉ ES EL POLOLEO?

En otros países denominado noviazgo el pololeo es una fase exploratoria ‘en la que se es feliz con otro y se hace feliz a otro’. Por lo menos así opina el doctor en sicopatología de la Universidad Complutense de Madrid, Aquilino Polaino, invitado periódicamente a dictar charlas a nuestro país por la Fundación Hacer Familia y Familia Unida, quien agrega que’es el primer peldaño de una familia’, enmarcando esta aseveración en el hecho que los adolescentes o jóvenes hacen uso de su libertad de escoger al pololear. ‘El pololeo no es igual al amor. Es débil porque recién se inicia…’

Pero el pololeo asusta. No tanto quizás a quienes lo asumen como tal, sino a sus padres, quienes están conscientes que si bien puede ser una de tantas relaciones basadas en un ‘mero enamoramiento’ también puede ser una que culmine en matrimonio. También, por haber vivido situaciones similares, saben que todos los pololeos, de una u otro forma, dejan ‘sus huellas’ en los involucrados.

¿CÓMO ESCOGER BIEN LA PAREJA?

Si tomamos el pololeo como la antesala del matrimonio, y a este último como la base de nuestra sociedad, podemos indicar que por lo menos hay consideraciones que se podrían tomar en cuenta para tener un buen pololeo y, por tanto, que contribuiría a tener un buen matrimonio.

Para la sicóloga de la Universidad de las Américas, Mariana Sanhueza, las reglas entre ambos estados son totalmente diferentes. ‘En el pololeo, la mayoría de las veces, la relación se establece por una atracción física. A partir de ahí se va generando un conocimiento pero siempre sobre la base de una inestabilidad recíproca, porque ninguno de los que conforman la pareja sabe cuando el otro va a dar por terminada la relación’.

En primer término se debe tomar en consideración que pololear significa pasarlo bien; es un estímulo para que cada uno sea mejor, no caer en la rutina ni tampoco confundir el acostumbramiento con el amor. No significa renunciar, por el contrario significa entregar… entregar amistad, compartir los amigos y hacerse de nuevos en forma conjunta.

La identidad de cada uno debe permanecer. Es decir los gustos, pasatiempos se comparten pero no se desplazan por el otro. En suma, los pololos deben seguir siendo individuos particulares. ‘Ella o él me interesa porque satisface un deseo personal que puede ir desde una carencia afectiva hasta lo sexual, pero sin restringir mi libertad’, acota Mariana Sanhueza, aduciendo que es por eso ‘la tendencia a no mostrarse tal como cada uno es’.

Tampoco la duración del pololeo es garantía de un matrimonio feliz. Todos hemos sido testigos de aquellos apodados ‘eternos’ que una vez dicho SI ante el altar, a los pocos años (incluso meses) la relación naufraga. Y es que si bien tener una relación más cercana con una persona del sexo opuesto, por más tiempo, podría implicar un mejor conocimiento, no siempre es así y la respuesta es muy simple: no todos se muestran tal cual como son y la máscara sólo se descorre con los abatares que la vida conyugal ofrece.

En sicología se habla de 4 áreas en la persona: Pública, privada, ciega y oculta. La primera apunta a lo que todos conocen de mí y que yo también estoy consciente de ello. Por ejemplo: soy sociable. La segunda dice relación con aquella fase de uno mismo que la ocultamos de los demás por un temor al rechazo. Por ejemplo ‘yo escondo mi mal humor’. La tercera es aquella faceta que conoce el resto de mí, pero que yo, por el contrario, no reconozco. Por ejemplo que resulte dominante ante los demás. Y por último el área oculta es la que tanto el resto como yo mismo desconozco de mi personalidad.

Un buen pololeo debería, a través de la comunicación y el afecto, transitar por las distintas áreas, aflorando los aspectos desconocidos de uno como de otro. En ocasiones lo que queda al descubierto no gusta al otro, y es ahí donde se debe tomar la determinación de continuar con la relación, sin dejarse presionar por opiniones externas que no ven dichos aspectos. Y dichas presiones provienen de amigos cercanos e incluso de los padres cuando ven en el pololo (a) de su hijo (a) el ‘ideal’.

Polaino menciona que ‘amar exige conocerse. Comentar una puesta de sol está muy bien, pero el romanticismo no basta para construir el amor humano. La clave –agrega- está en conversar, hablar de todos los temas a fondo: proyectos, sufrimientos, familia, ¿cómo educarías a tus hijos y muchas más. Decir las verdades claras, confesar defectos, no simular una persona que no soy. Hacer transparente nuestro yo al otro’.

‘La pareja de pololos con el tiempo se da cuenta que desea establecer un ideal común y que necesitan al otro para una proyección conjunta: el matrimonio’, añade Mariana Sanhueza quien sostiene que se transita del yo-yo (propio del pololeo), de lo lindo y la plena armonía a una etapa de cuestionamientos y ahí vienen ‘las proyecciones para el futuro’. ‘El matrimonio es exclusividad y perpetuidad, el pololeo no’, afirma la especialista.

Para M. Teresa Recabarren y M. de la Luz Riesco, de la Asociación de Mujeres de Acción Católica, en opiniones vertidas a un medio de comunicación, hay dos tipos de parejas que llegan a casarse: aquellas que han recorrido camino en el tiempo queriéndose, gozando por estar juntos, comunicándose, entreteniéndose, corrigiéndose y aceptándose mutuamente, compartiendo cualidades, limitaciones, logros, alegrías, penas, frustraciones. Pero también otras parejas que han tenido la capacidad de reconocer sus problemas, se han distanciado por un tiempo y luego han vuelto dispuestos a conversar con honestidad, sin miedo y con cariño. Cuando vuelven, si son capaces de remontar, lo hacen fortalecidos. Cuando no vuelven, se han librado de una gran infelicidad.

EL SEXO EN EL POLOLEO

Es quizás un hilo muy delgado el que separa el amor de la pasión. Porque quienes son cinéfilos, pueden citar parejas cuyo amor ha sido apasionado como el de la Taylor con Burton (que incluso se casaron 2 veces), pero también se pueden nombrar cientos de casos en que el amor se confundió con la pasión, cuya principal característica es una fuerte atracción que, con el pasar del tiempo, va disminuyendo. Las pasiones hacen llorar y también sufrir, siempre y cuando no estén subordinadas a la razón y su control es el que hace libre a la pareja. Para Polaino ‘o se tienen bien inhibidas las pasiones y las orientamos hacia el bien, o nos extinguen como personas. No se debe confundir el amor con la emocionalidad’.

Es una realidad, por cierto, que las relaciones sexuales –mayoritariamente- están vinculadas a una relación de dos sexos opuestos en la que idealmente hay más que atracción física: existe amor.

Para Aquilino Polaino ‘ querer a otro no es desearlo para mi propio disfrute (…). No se puede hurtar la intimidad corporal al servicio del propio placer, porque eso no es digno.’

A juicio del especialista si se suma sexo y pololeo, se extingue el pololeo. Lo que se busca, entonces, son las caricias y placer, y no el bien del que supuestamente, se quiere. ‘Quien es propietario de su destino preferirá la felicidad que el placer, pues aunque toda felicidad comparta un grado de placer, lo inferior –la satisfacción sensual- debe ser ordenada por lo superior, la razón y las búsqueda de lo mejor’.

Para la sicóloga de la Universidad de las Américas, en tanto, ‘en la medida en que en el pololeo exista ambigüedad el sexo no ayuda’. Afirma que aquí entra a batallar los géneros (femenino y masculino), porque mientras la mujer se siente ‘amarrada’ –aunque no esté enamorada- a aquel con quien tuvo relaciones sexuales (propio de la sensibilidad femenina), el hombre lo ve como ‘poder y seguridad’.

Lo principal para una joven pareja que del pololeo cree estar lista para pasar al matrimonio es tener conciencia que los primeros años de vida juntos es la más difícil y que son bastante previsibles. Son dificultades que emanan de la convivencia diaria, de las costumbres que cada uno tiene y que van desde los posibles problemas económicos hasta gustos culinario u hábitos de orden y organización. Pero como son previsibles son conversables desde antes y se puede estar mejor preparado para afrontarlos una vez ya viviendo juntos.

LOS TIEMPOS CAMBIAN

Ciertamente desde el punto de vista sociológico, en la actualidad el saber escoger correctamente al que será nuestro compañero (a) de por vida, ha variado de lo que era hasta hace algunos años.

Hasta no hace mucho, y en algunas culturas todavía persiste, por un concepto educacional que se transmitía de generación en generación, la mujer cedía y callaba sus deseos e inquietudes, predominando los del hombre. Hoy hombre y mujer, en forma igualitaria, defienden sus deseos y manifiestan sus descontentos.

Desde el pololeo se debe estar conscientes que, en el matrimonio, el hombre y la mujer enfrentan desafíos que pueden afectar para bien o para mal –según sean tratados- la relación. Los diversos roles que cumple la mujer (madre, esposa, trabajadora, dueña de casa, etc.) insertos en un sistema laboral –en la mayoría de los países- en que no es considerada esta multiplicidad de papeles y que, a su vez, el esposo ve como ‘propio y natural’, puede influir en desavenencias.

Asimismo, el hombre, esta vez con una compañera igual o más capacitada que él intelectualmente, siente la presión constante de ser el principal proveedor de la familia, porque aún persiste la mentalidad que debe ser el que tenga mayores ingresos.

Lo anterior, debe anticiparse en el pololeo y ver que en el matrimonio la relación no se debe basar ‘en una competencia’ sino que somos un NOSOTROS, iguales, y que si subsisten algunas diferencias de roles, son producto de sistemas educacionales que han ido cambiando para el verdadero disfrute de la vida en pareja.

Por Verónica Rodríguez Rowe.

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